Durante los siglos XVI y XVII, el español dominó gran parte de Europa y del mundo, convirtiéndose en una lengua internacional de prestigio en la época de la Monarquía Hispánica. Se utilizaba en ámbitos oficiales, administrativos y diplomáticos, acompañando a los virreyes, embajadores y demás cargos en los territorios bajo dominio de los Habsburgo españoles. En lugares como los Países Bajos Españoles, el español se convirtió en idioma habitual en la gestión política y en la correspondencia oficial, asociado al poder y a la autoridad imperial.
La influencia del español también se extendió a otros territorios europeos, como Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Portugal, durante la Unión Ibérica entre 1580 y 1640. En Francia e Inglaterra, el castellano también tuvo presencia en círculos administrativos, diplomáticos y comerciales debido a los estrechos vínculos políticos con la Corona española. En la corte inglesa, el matrimonio entre Felipe II y María I impulsó el aprendizaje del español entre mercaderes y marineros, demostrando la importancia y difusión de esta lengua en la Europa de la época.





